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lunes, 9 de febrero de 2009

Mike Amigorena




Soy un tierno, y a veces un hijo de p…. A veces soy macho, y a veces una mina. A veces me considero egoísta, porque no quiero compartir mi vida con nadie. El año pasado terminé con una relación de tres años, y ahora estoy solo”, cuenta este hombre de 36 años, Ricardo Amigorena según su DNI, pero a quien, desde que nació, su mamá –profesora de inglés–, lo llama Michael, nombre que no le dejaron poner en el Registro Civil.

En la playa llueve y el viento arrastra todo lo que se le cruza, incluso a un grupo de chicas que corren hasta donde está Mike, como se rebautizó cuando empezó su carrera artística en 1998. Ahora hasta tiene varios clubes de fans y un grupo en el Facebook, todos fascinados con el look de este hombre que usa pollera y protagoniza Los exitosos Pells, la serie que producen Underground, Endemol y Telefe.

–¿De chico te imaginabas que ibas a ser tan exitoso?
–No, pero sí reconozco que me sentía diferente al resto. Nací en Maipú, Mendoza y viví ahí hasta los 18 años, aunque me quería ir a los catorce. No me emancipaban porque era el más chico e inquieto de una familia manejada e invadida por mujeres.

–¿Y siempre fuiste tan popular?
–No, siempre fui muy ermitaño. Estaba todo el tiempo solo, me iba al jardín de mi casa e inconscientemente experimentaba ser otro, y me ponía a cantar, actuar. Me creía Tom Sawyer, me subía mucho a los árboles donde construía casas, cuarteles y naves espaciales con chapitas pegadas en el ciruelo.

–¿Cómo era el juego de experimentar ser otro?
–Cuando era chico robaba casetes, chucherías que me llamaban la atención, porque quería saber lo que siente un ladrón. Fui monaguillo, y no por amor a Dios, sino por curiosidad de ser otro. La curiosidad me llevó a experimentar, y siempre andaba buscando las cosas que estaban fuera de mi alcance.

–¿Cuál era tu limite?
–No tenía límites: a veces me rateaba del secundario para escaparme a la morgue de la ciudad. Siempre fui curioso, y en esa época me entretenía ver lo que tienen las personas adentro. Casi me convierto en médico forense.

–¿Y qué pasó?
–Soy demasiado vago y no me gusta leer, entonces decidí dedicarme a cantar y actuar, porque siempre admiré a los Beatles, Chaplin, Buster Keaton y Los Tres Chiflados, por suerte en mi casa, y aunque son muy cerrados, respetaba mis decisiones.

–¿Tus padres nunca te decían nada a propósito de tu elección de usar pollera?
–No: mi papá se reía cuando me pintaba las uñas y me teñía el pelo de blanco con agua oxigenada; él siempre supo que para mí eso era un juego. Además, yo fui criado por mujeres, por eso tengo desarrollada una gran parte femenina. No recuerdo cuándo fue la primera vez que usé una pollera, pero fue de grande. ¿Por qué lo hice? Porque me gusta provocar…

–Hay quienes que, por todas estas cosas, siembran dudas sobre tu sexualidad…
–No me importa si la gente piensa si soy o no soy gay. Me hago cargo de que tengo una parte femenina importante, que puede llegar a confundir. Además no me considero una persona tosca y rígida. Soy curioso, y a la hora de seducir, también me gusta provocar.

–Sintetizando, ¿sos o te hacés el raro?
–Lo soy, porque no quiero forzar nada, tengo un estilo muy particular a la hora de vivir. A veces me miran como un bicho raro, pero no me importa; no soy violento, sino un relajado. Soy cómodo, como mi papá, pero la curiosidad no me permitió estancarme. En cambio, él se quedó con su trabajo de enólogo toda su vida, la comida de mi mamá y el televisor frente a sus ojos. Yo aún sigo buscando… Por eso, cuando vine a Buenos Aires viví en pensiones, compartí departamentos, hasta un día un amigo me invitó a vivir en el hotel Alvear. Después volví a otras pensiones, otros departamentos, y recién ahora espero poder comprarme mi propia casa.

–¿Qué hiciste todos esos años para sobrevivir?
–Trabajé de cadete, fui promotor y modelo, pero nunca fui taxi boy, si lo estás pensando.... Estuve seis años divirtiéndome, y salía todas las noches a bailar, pero eso lo hacía porque me sentía solo y aburrido. Pero todo cambió cuando en 1998 me subí por primera vez a un escenario con Despertar de primavera. En ese momento supe lo que quería. En total, participé en 18 obras teatrales…

–La que más reconocimiento te dio fue El niño argentino, hasta que Francis Ford Coppola te convocó a filmar, aquí en Buenos Aires.…
–Sin ánimo de mandarme la parte, trabajar con Coppola no me cambió en nada. Tetro, su película, sólo fue una circunstancia transitoria en mi carrera. En cambio Los exitosos Pells sí son un quiebre en mi vida. Igual, la popularidad y la fama no me toman por sorpresa. No me la creo. Por eso nunca me olvido del que considero mi peor trabajo en la tele. Fue en Gasoleros, encarnando a un profesor de natación. ¡Pésimo! Y a ese video lo veo cada tanto para recordar lo que un actor nunca debe hacer.

–¿Cómo es Mike lejos de las cámaras y debajo de los escenarios?
–Fuera del trabajo no hago nada. No me gusta planificar y en cada momento decido lo que quiero hacer. Soy inconstante, odio ser siempre el mismo. Qué más… No me gusta cocinar, ni leer, ni ir al teatro, ni tener compromisos y obligaciones. Adoro a las mujeres porque fui criado por mujeres, soy caballero, delicado, elegante, me cuido a nivel estético, pero no soy tan obsesivo como para considerarme un metrosexual.

–¿Cómo te gustan las mujeres?
–Las que siempre estuvieron a mi lado fueron inteligentes y cariñosas. Esas son las que siempre elijo.

–¿Tenés alguna asignatura pendiente?
–Sí, muchas. Tal vez, salir de gira con Ambulancia, la banda en la que canto. Sin embargo, lo primero que quiero hacer es comprarme una casa y viajar. ¡Nunca fui a Europa ni a Nueva York! Ese es mi próximo gran proyecto.
Por Pablo Procopio. Fotos: Alejandro Carra.
fuente: revista gente

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